Aristóteles distinguía entre lo que existe en potencia y lo que existe en acto. Una semilla es un árbol en potencia, pero solo el árbol que efectivamente crece es un árbol en acto. La distinción parece abstracta hasta que se aplica a algo tan terrenal como el cobro en una fonda de barrio: ese negocio puede vender, tener clientes fieles, generar ingresos y sostener a una familia durante años; y, sin embargo, para el sistema financiero, un banco o para cualquier algoritmo que decide quién merece un crédito, ese negocio puede no existir. Vende, pero “no deja huella”, al menos, no una huella crediticia. Es decir, está en potencia económica, pero no en acto.
Esa es, exactamente, la idea que atraviesa un comunicado reciente de Inconnect, que es integrador mexicano de soluciones de pago; el comunicado indica que la terminal punto de venta (TPV) dejó de ser un lujo tecnológico para convertirse en la puerta de entrada a la economía visible. Y vale la pena detenerse en esa palabra ‘visible’, porque ahí está, creo, la clave de un fenómeno que se suele contar solo en cifras.
Según Banxico, México supera los 6.5 millones de terminales punto de venta, con presencia en el 94% de los municipios del país. Las transacciones con tarjeta pasaron de 4.402 millones en 2021 a más de 10.600 millones en 2025 (más del doble en cuatro años), impulsadas sobre todo por compras cotidianas de bajo monto, el ticket promedio bajó de 903 a 580 pesos en ese mismo periodo. La tarjeta ya no es para la compra grande; es para el café, el taxi, y gastos similares.
“Hoy el cambio de fondo ya no radica en aceptar tarjeta, sino en lo que ocurre durante y después”, explica Emilio López Carvajal, fundador de Inconnect, en el comunicado La terminal punto de venta ya no es la meta, es el punto de partida para las PyMEs. Es una frase que vale releer dos veces, porque ahí se cifra el verdadero argumento: la terminal punto de venta no es la meta. Es apenas el primer dato de una serie que, bien usada, puede convertirse en historial, en crédito, en planeación, en crecimiento. Como añade el directivo, “cada pago deja información, horarios de mayor venta, ticket promedio, frecuencia de compra. Datos que antes no existían o dependían de la memoria”.
Pero hay una tensión que el optimismo del comunicado no recoge del todo, y que la actualidad de este año vuelve imposible de ignorar; México sigue siendo, en buena parte, un país que no existe para el sistema de pagos digital. Según la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (CONCANACO), más del 50% de las pymes mexicanas todavía no acepta pagos con tarjeta, lo que les hace perder hasta el 70% de ventas potenciales. Y un estudio de marzo de 2026 de Mastercard y PCMI ubicó la adopción de pagos sin contacto en México en apenas 34%, muy por debajo del 73% del Caribe o el 83% de Centroamérica.
La prueba de estrés llegó este año con el Mundial 2026. En la reapertura del Estadio Banorte, fallas de conectividad dejaron a vendedores sin poder cobrar con tarjeta durante el partido inaugural; Banorte reportó que el ecosistema sin efectivo apenas alcanzó el 68% de las ventas ese día, cifra que subió a casi 90% en partidos posteriores, una vez corregida la falla. Es un ejemplo pequeño, casi anecdótico, pero ilustra que cuando millones de turistas llegan a un país acostumbrados a pagar sin efectivo en cualquier lugar, la infraestructura de cobro deja de ser un detalle operativo y se convierte en la cara visible (o invisible) de un negocio entero. Por eso Mercado Pago aceleró este año el lanzamiento de Point Tap, una solución que convierte el celular en terminal sin necesidad de hardware adicional, apostando a que el 80% de las PyMEs que aún no acepta pagos electrónicos pueda saltarse la barrera de comprar una terminal física.
Aquí es donde la reflexión deja de ser metáfora y se vuelve mecanismo concreto. Un reportaje de Expansión, publicado en marzo de 2026 sobre los retos del Plan México para ampliar el crédito a pequeñas empresas, señala algo que confirma la tesis de Inconnect: el principal obstáculo para que una PyME consiga su primer préstamo formal es que nunca ha tenido historial financiero que mostrar. No es que los bancos no quieran prestar; es que no tienen cómo ver a esa empresa. Programas como los de Nafin intentan resolverlo cubriendo hasta el 70% del riesgo del crédito para que la banca se atreva a prestarle a quien no tiene historial. Pero ese parche solo es necesario porque, durante años, miles de negocios funcionaron perfectamente bien siendo, para el sistema financiero, completamente invisibles.
La terminal punto de venta, entendida así, no vende tecnología, produce existencia administrativa. Convierte una intuición de “los viernes vendo más”, “en diciembre se dispara todo”, en un registro que cualquier algoritmo de scoring puede leer. Y ahí aparece el otro filósofo que conviene traer, aunque sea de forma breve: Michel Foucault escribió que el poder moderno no actúa principalmente por la fuerza, sino por el registro: lo que se documenta, se cuenta y se mide es lo que el sistema puede gobernar, premiar o financiar. Lo que queda fuera del registro, queda fuera de las decisiones. Suena severo aplicado a una fonda de tacos, pero es exactamente lo que describe el reportaje de Expansión: no es falta de ganas de pagar, es falta de huella que mostrar.
Si la visibilidad económica se ha vuelto condición de acceso al crédito, al crecimiento, incluso a la “profesionalización” que menciona López Carvajal, entonces conviene preguntarse: ¿quién decide qué cuenta como un dato digno de ser visto? Porque no es un proceso neutral. Una terminal no es solo una ventana hacia el sistema financiero; también es la puerta por la que ese sistema entra a mirar el negocio. Cada vez que una fonda acepta tarjeta, gana visibilidad y también cede algo de la opacidad que, durante generaciones, fue su única forma de autonomía frente a la banca, el fisco y el algoritmo.
No se trata de añorar el efectivo ni de desconfiar de la digitalización: los números son demasiado claros sobre lo que gana quien se digitaliza. Se trata, más bien, de no celebrar el dato sin entender lo que cuesta producirlo. Volverse visible para el sistema es, casi siempre, la única forma de crecer dentro de él. Pero también es, sin excepción, dejar de decidir solos qué parte de nuestro negocio queremos mostrar.
Imagen: GPT Images 2.0
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