Mark Zuckerberg se quedó con casi 20.000 millones de dólares menos entre el viernes y el lunes. No vendió nada ni cerró ninguna oficina, le bastó con que Wall Street dudara. Y de paso, esta semana también se firmó un pacto sobre inteligencia artificial en la Casa Blanca.
Según los datos de Forbes que recoge Infobae, el viernes su fortuna bajó 8.900 millones de dólares y el lunes otros 10.900 millones (una caída del 4,23%). Con eso quedó en 246.700 millones, por debajo de la barrera de los 250.000 millones.
Un matiz importante es que ese dinero no salió de su bolsillo. Buena parte de la riqueza de Zuckerberg está en acciones de Meta, así que si la acción baja, su fortuna baja con ella. Es una pérdida “en papel”, pero igual da vértigo.
El viernes 25, Goldman Sachs soltó que, según el banco, las empresas necesitan generar unos 300.000 millones de dólares al año en ingresos por servicios de IA solo para salir en tablas, es decir, para recuperar lo invertido. Y para ganar dinero de verdad, la cifra se acercaría al billón de dólares.
Piénsalo como abrir un restaurante gigante; si el alquiler, los cocineros y la cocina industrial te cuestan una fortuna, hay que saber cuántos platos vendes al día para no perder dinero. Goldman básicamente preguntó cuántos platos de IA se están vendiendo realmente. Y la respuesta todavía no convence a nadie.
Ese día las acciones de Meta bajaron cerca de un 4%, y el lunes siguieron cayendo hasta los 719,44 dólares por título.
Mucho; la compañía proyecta para 2026 una inversión de 145.000 millones de dólares, sobre todo en infraestructura. Lo curioso es que venía de un septiembre espectacular: las acciones habían subido cerca de un 36%, en parte gracias a Muse, su nuevo asistente de IA, que sumó 2,8 millones de descargas en dos semanas. El jueves previo al desplome todavía habían avanzado un 4,5%.
Lo que pasó es que el entusiasmo chocó con la pregunta de siempre: ¿cuándo vuelve ese dinero?
En medio del lío, Meta anunció que Chirantan “CJ” Desai, hasta ahora director ejecutivo de MongoDB, liderará su nueva plataforma empresarial de IA, con modelos, agentes, herramientas de programación y API para empresas y desarrolladores.
Pero el mercado no lo celebró. Meta volvió a caer más de un 4%, y MongoDB salió peor parada: se hundió más de un 18% y cerró en 334,53 dólares.
Mientras tanto, el martes 29 se firmó otro movimiento importante. Zuckerberg, Sundar Pichai (Google), Elon Musk, Greg Brockman (OpenAI), Dario Amodei (Anthropic) y Jensen Huang (Nvidia) firmaron junto a Donald Trump el llamado Acuerdo de la Casa Blanca sobre Súper Inteligencia, que es un sistema de autorregulación con cuatro capas:
Zuckerberg lo calificó de “paso positivo significativo” y Pichai habló de “una base sólida para avanzar”. Además, una orden ejecutiva obliga a las agencias federales a decir “Súper Inteligencia” en lugar de “Inteligencia Artificial”, y da 60 días para definir el término legalmente.
Volvamos al restaurante de Goldman. Meta ya montó la cocina industrial (145.000 millones de dólares este año), el local está lleno de curiosos (2,8 millones de descargas de Muse en dos semanas) y los dueños acaban de firmar con el gobierno un compromiso de que la comida no va a hacer daño a nadie. Lo único que falta es lo más básico: que los clientes paguen lo suficiente para cubrir los gastos.
Esa es la pregunta que hoy mueve la bolsa, y nadie tiene la respuesta todavía. El pacto de la Casa Blanca puede ayudar a que la gente confíe más en estas herramientas, pero confiar en algo no es lo mismo que pagar por ello.
Así que, mientras el mercado se decide, hay dos cosas que vale la pena seguir. La primera es si las empresas de IA logran vender servicios a la escala que calcula Goldman, esos 300.000 millones al año. La segunda es qué significa exactamente “Súper Inteligencia” cuando llegue su definición legal, porque el plazo es de 60 días y ahí se verá qué compromete de verdad el pacto.
Mientras tanto, Zuckerberg sigue siendo uno de los hombres más ricos del planeta, con 246.700 millones de dólares. Pero esta semana le recordaron que en bolsa esa cifra depende menos de lo que construye que de lo que los inversores creen que va a ganar con ello.
Imagen: GPT
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