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Cada que llega a nuestras manos un proyecto digital, solemos resolverlo de la manera tradicional, es decir, con base en la experiencia propia y las soluciones que anteriormente hemos expuesto a clientes.

Es común caer en el área de confort y creer que las soluciones pasadas seguirán funcionando siempre: olvidamos esa parte importante llamada innovación.

Por expertos que seamos en la materia, es fundamental retarnos y no sacar del sombrero las propuestas como si se trataran de conejos en un truco de magia. Los proyectos más sobresalientes en cualquier ámbito han sido proyectos fundamentados, que resuelven un conflicto a un sector fuerte o mayoritario y lo hacen de una manera sencilla y alcanzable.

Es por eso que ahora les expongo una metodología que leí en un libro – se los recomiendo: “Hacking Marketing” – misma que he llevado a cabo desde hace meses y que nos ha hecho ganar más proyectos digitales gracias a que nuestros clientes sienten que realmente les estamos ofreciendo soluciones de valor para su empresa y sus propios clientes.

Piensa en historias antes que en proyectos

Si lo vemos de otra manera, un proyecto es una historia que necesita ser resuelta. Nos cuentan los personajes, el conflicto y nos contratan para encargarnos del desenlace.

Pues bien, una manera de lograrlo efectivamente es eso, pensar en la historia del conflicto a resolver, cuestionándonos lo siguiente:

  • ¿A quién afecta este conflicto?
  • ¿Cómo se comportan y dónde están los involucrados en él?
  • ¿Qué necesitan de esta solución?
  • ¿Qué les ofrecen otros?
  • ¿Cuáles son las áreas de oportunidad de esos otros?
  • ¿Qué siguen sin resolverles a los afectados?
  • ¿Cuál sería la manera más fácil, útil y efectiva de darles una solución?
  • ¿Cómo les aportamos valor al resolver de una o varias maneras el conflicto?
  • ¿En qué medios es viable?
  • ¿Cuáles son los posibles caminos a resolverlo?

Estas preguntas deberán ser contestadas con los equipos involucrados para resolver el problema: diseñadores, programadores, estrategias, directores, ejecutivos, etc.

Cada cabeza verá un panorama basado en su experiencia o punto de enfoque, si no descartamos sus aportaciones, tendremos como resultado un proyecto global y enriquecido, es decir: una propuesta de valor.

Puntos básicos al pensar en historias

Para lograr un sistema de trabajo de este tipo hay que recordar:

  1. Los equipos de trabajo deben ser “flat”, es de decir, no hay jerarquías que entorpezcan la comunicación y el trabajo colaborativo.
  2. El área de marketing es la responsable de la priorización de las historias y la resolución de las mismas en pro de encontrar la solución ideal.
  3. El área responsable del proceso debe de moderar el equipo, así como el flujo de trabajo y las reuniones para toma de decisiones.

Las historias deberán ser basadas en dos roles: la historia desde la perspectiva del cliente (usuario final) y la del staff (equipo desarrollador de la implementación).

La primera debe responder a la experiencia y contenido que recibirán los usuarios. Esas experiencias deberán responder los porqués: beneficios y razones.

Por otro lado, la segunda se enfoca en los roles internos para la solución: capacidades, datos, tipos de desarrollos técnicos, etc. Igualmente los porqués  estarán basados en los beneficios y las razones de hacerlo así.

Con ambos panoramas, el proyecto estará contemplado en una perspectiva global, real, tangible y que seguramente terminará ofreciendo una solución poderosa que conecte realmente con los usuarios y demos a las empresas soluciones aptas para sus negocios.

Cuéntame, ¿qué opinas de esta metodología? Comparte tus ideas en @antareskcm.

Imagen: beeboys / Shutterstock.com
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