En nuestro país, las cifras de desigualdad siguen siendo un reto estructural que no podemos ignorar. Aunque representamos el 51% de la población, la participación femenina en la economía formal apenas alcanza el 46%, una cifra que palidece frente al 75% de los hombres. En este contexto, la relación entre mujeres y ecosistema digital se vuelve un factor determinante, no para sustituir las políticas públicas, sino para generar nuevas dinámicas de acceso a mercados, ingresos y, sobre todo, una flexibilidad operativa que antes era inexistente.
La realidad laboral nos muestra que el 55% de las trabajadoras en México se encuentran en la informalidad, de acuerdo con un reporte de Rappi, lo que frena su estabilidad y acceso a la seguridad social. A esto se suma una brecha de tiempo crítica: ellas destinan un 200% más de horas al trabajo no remunerado y de cuidados en comparación con ellos. Ante este escenario, la digitalización aparece como una herramienta logística que ayuda a optimizar los recursos en contextos donde las responsabilidades del hogar suelen concentrarse en una sola figura.
El impacto de las plataformas se observa con claridad en tres niveles estratégicos. En primer lugar, el emprendimiento e inserción económica. En México, 6 de cada 10 nuevos restaurantes son fundados por emprendedoras, y las herramientas digitales han permitido reducir barreras como la ubicación física o los costos de expansión. Esto permite que el talento de muchas mujeres y el ecosistema digital se fusionen para crear espacios de autonomía sin necesidad de inversiones inmobiliarias adicionales.
En segundo nivel encontramos la eficiencia en la gestión del gasto. Datos de Rappi revelan que el 46% de sus usuarios activos son del género femenino, con un ticket promedio de $310 MXN, superior al promedio general. Su consumo se concentra en:
El tercer nivel es el de la cultura laboral y los nuevos liderazgos. A nivel nacional, solo el 36% de los puestos directivos están ocupados por talento femenino. Sin embargo, en empresas tecnológicas como Rappi México, estas cifras están cambiando: las mujeres ya ocupan el 42% de los puestos de liderazgo y el 21% en equipos de tecnología. Esto demuestra que los modelos flexibles pueden contribuir a ampliar la representación en los espacios de decisión más importantes.
La discusión sobre género y economía no debe limitarse a una fecha en el calendario. El impacto de que más mujeres y el ecosistema digital interactúen de forma efectiva trasciende el ingreso individual; se trata de fortalecer el sistema productivo en su totalidad. El 8M es una oportunidad para observar las brechas vigentes, pero la verdadera transformación vendrá de un compromiso con acciones diarias que permitan escalar y crecer.
Imagen: Nano Banana
Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *
Δ