El Mundial ya se terminó, las banderas que colgaban de los balcones ya se guardaron (o siguen ahí, seamos honestos de que en LATAM los adornos se quitan hasta que alguien se acuerde de quitarlas), y las calles volvieron a su ritmo normal. Pero si algo nos dejó claro este torneo es cómo compra el mexicano cuando la emoción está en su punto más alto: en persona, en efectivo y en el changarro de la esquina, no en una app.
Así lo confirma un estudio reciente de Bsale, software de gestión comercial para pequeños negocios, que analizó el comportamiento de compra de las MiPyme (datos únicamente de sus clientes) durante la Copa Mundial de la FIFA 2026, desde la inauguración hasta el último partido disputado en territorio nacional. Y el hallazgo central es que el 99.7% de las transacciones se realizaron en tienda física, dejando al comercio electrónico prácticamente fuera de la jugada.
En un país donde cada tanto se habla de “la explosión del comercio electrónico”, este estudio pone las cosas en perspectiva. Durante el periodo analizado (del 11 de junio al 5 de julio de 2026) prácticamente todas las compras relacionadas con el Mundial se hicieron cara a cara, en el punto de venta físico.
Tiene sentido si lo pensamos con calma, porque cuando alguien sale a comprar una playera de la Selección de último momento porque el partido empieza en 40 minutos, no va a esperar un envío. Va a la tienda de la esquina, a la plaza, al puesto que vio de camino al Fan Fest. La inmediatez del consumo mundialista es, literalmente, incompatible con los tiempos del eCommerce.
Según el estudio, los productos estrella fueron justo los que uno se imagina: los jerseys de la Selección Mexicana y las banderas de México encabezaron la lista de lo más comprado. Y no se quedó ahí; también se vendieron muchísimo pelucas, bufandas, pasamontañas, gorros y playeras con diseños alusivos a México, además de balones, matracas y artículos de temporada.
Un detalle interesante es como parte de los partidos también se transmitieron desde Canadá y Estados Unidos (al ser una sede compartida), el fervor no se limitó solo a las ciudades mexicanas que tuvieron partidos. El ambiente tricolor se sintió en negocios de todo el país, más allá de las sedes oficiales.
Aquí viene uno de los contrastes más interesantes del estudio. Mientras el gobierno y el sistema financiero llevan meses empujando fuerte hacia los pagos digitales, ya que Banxico lanzó apenas en junio de 2026 la cuenta Nivel 2 Bis, pensada justo para que los pequeños comercios acepten más pagos electrónicos, y se estima que podría beneficiar a más de 4.4 millones de negocios, durante el Mundial el consumidor mexicano hizo lo de siempre: pagó en efectivo.
Las cifras de Bsale lo confirman: 77.5% de las compras se pagaron en efectivo, muy por encima de las tarjetas (8.7%), el crédito a cliente (7.3%) y las transferencias (3.3%). Es una especie de tira y afloja entre lo que las instituciones quieren impulsar y lo que realmente hace la gente en el mostrador cuando trae prisa, trae efectivo en la bolsa y quiere su jersey ya.
No es que la digitalización esté estancada, de hecho, va avanzando poco a poco, sobre todo en pagos de servicios como gasolineras o casetas, donde ya se habla de un 30% de transacciones digitales, pero en el consumo espontáneo, del tipo “vi la playera y la quiero ya”, el efectivo sigue ganando por mucho.
Aunque los jerseys y las banderas acapararon los reflectores, el estudio deja claro que la categoría que más vendió en volumen fue alimentos y bebidas, con el 44.8% de los comprobantes emitidos, superando a todas las demás categorías juntas. La categoría de Moda, Vestuario y Accesorios, donde entran los jerseys y banderas, quedó en segundo lugar con 16.4%.
Tiene todo el sentido, cada partido significa reuniones, carnita asada, refrescos, botanas y esa cerveza que “solo va a ser una” viendo el partido con los vecinos. El futbol, al final, siempre ha sido pretexto para comer y convivir, y las MiPymes de abarrotes, tienditas y negocios de alimentos lo capitalizaron sin necesidad de vender ni un solo balón.
Otro dato que suma contexto es que el 18.8% de los comercios que trabajan con Bsale vendió al menos un combo o paquete durante este periodo, mientras que el resto siguió vendiendo producto por producto. Ahí hay una oportunidad interesante para los negocios que todavía no arman promociones o combos en eventos de este tipo.
Los estados con mayor volumen de ventas durante el periodo fueron Ciudad de México, Oaxaca y Jalisco. Y esto coincide con lo que reportaron análisis externos sobre la derrama del Mundial, la Ciudad de México fue la sede que concentró la mayor actividad económica del torneo, con cifras oficiales que hablan de más de 1.1 millones de visitantes y una derrama que superó los 22 mil millones de pesos solo en la capital.
Vale la pena poner esto en contexto, porque no todo fue color de rosa. Distintos análisis económicos publicados después del torneo (incluyendo uno de Deloitte y otro de Banamex) coincidieron en que la derrama total del Mundial en México quedó por debajo de lo que se había estimado inicialmente, y que ese impulso económico no llegó de forma pareja a todos los negocios. Algunos pequeños comerciantes, sobre todo los que estaban fuera de las zonas turísticas o cerca de cierres viales por el operativo del torneo, reportaron menor afluencia en lugar de un boom de ventas. Es decir, el Mundial sí movió la aguja, pero no fue una fiesta pareja para todos.
Aquí es donde el estudio de Bsale toca un punto que muchas veces se pasa por alto, no basta con vender mucho durante un evento así, el reto real es que el negocio pueda sostener ese ritmo sin perder el control de su inventario ni de su caja.
Ana María Correa, Country Manager de Bsale México, lo resume así: “Eventos de esta magnitud en México representan una gran oportunidad para que las MiPymes mexicanas avancen en su camino hacia la digitalización, porque el volumen y la rapidez de compra exigen una gestión que supera a los reportes de lápiz y papel”. Y agrega algo clave: aunque el consumidor prefiera pagar en efectivo y comprar en tienda física, el negocio necesita tener visibilidad exacta de su stock para no quedarse sin producto a mitad del partido, ni con exceso de mercancía que no se vendió.
Ahí está la verdadera paradoja del estudio: el consumidor eligió lo más tradicional posible (efectivo, tienda física, cara a cara) pero eso no significa que el negocio pueda operar con métodos igual de tradicionales por dentro. Un puesto de banderas que se queda sin inventario a medio Mundial, o una tiendita que no sabe cuánto vendió realmente hasta cerrar, está dejando dinero sobre la mesa.
Si algo deja claro este estudio es que la digitalización de un negocio no tiene que ver únicamente con vender por internet o cobrar con QR. Un negocio puede seguir vendiendo en mostrador, cobrando en efectivo, y aun así estar completamente digitalizado por dentro: con su inventario controlado, sus ventas registradas en tiempo real y datos claros para tomar decisiones rápidas quizás la próxima vez que un evento de esta magnitud toque la puerta.
El Mundial ya terminó, sí. Pero la lección para las MiPymes mexicanas sigue anotando goles: la próxima gran oportunidad de ventas va a exigir lo mismo que exigió esta, rapidez, control y visibilidad total del negocio, sin importar si el cliente paga con billete de 500 o con tarjeta.
Imagen: GPT Images 2.0
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