Para la Gen Z y los Millennials, cargar con billetes o deslizar un plástico en la terminal no es nada chic y cómodo. Además, sumado a la velocidad con la que estamos acostumbrados a que sucedan las cosas, se exige que haya una cultura en la que el dinero se mueva igual de rápido que lo hace un DM, transformando por completo el uso de la banca móvil en el país.
Y aunque pareciera serlo, no se trata de una moda pasajera. Las cifras del Banco de México (Banxico) confirman que los jóvenes utilizan el sistema de transferencias electrónicas (SPEI) cinco veces más que las generaciones adultas. De hecho, nueve de cada diez usuarios pertenecientes a estas edades gestionan sus finanzas de forma exclusiva desde su celular.
El crecimiento de este ecosistema ha sido tan agresivo que ha superado las cifras que se pronosticaban para su expansión. Durante 2025, el sistema procesó más de 7,300 millones de transferencias electrónicas, lo que representó un incremento del 36.8 por ciento en comparación con el año anterior, equivalente a más de 16 veces el PIB de México.
Históricamente, el SPEI era visto como una herramienta corporativa que era utilizada exclusivamente para transferencias de grandes sumas; sin embargo, la adopción masiva de la banca móvil, sobre todo en estas dos generaciones, ha hecho que el 94 por ciento de estas operaciones en el país sean por cantidades menores a los 10,000 pesos.
Expertos en la infraestructura digital del Sistema de Transferencias y Pagos (STP) explican que el SPEI se ha transformado en el “efectivo digital” del día a día, puesto que los jóvenes optamos por abrir nuestra app preferida para liquidar la renta o servicios, transferir dinero a un familiar o dividir la cuenta en una date de amigas antes que ir al cajero automático.
La verdadera transformación no es en la cantidad de dinero que se mueve por esta red, sino en la forma. Datos oficiales del INEGI y de la CNBV respaldan que el uso de las plataformas financieras escaló del 54.3 por ciento al 69.1 por ciento en solo tres años.
Autoridades de estas mismas instituciones proyectan que para finales del 2026 el volumen de operaciones procesadas por transferencias digitales superará formalmente al de las redes tradicionales de tarjetas de crédito y débito.
Hoy lo que se busca es tener la infraestructura adecuada que permita mover miles de millones de microtransacciones en milisegundos, respondiendo a una generación que simplemente no concibe esperar para mover su dinero.
Imagen: Nano Banana 2
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