Actualmente hay un choque entre las generaciones que no crecimos con el fácil acceso a los dispositivos móviles (y las redes sociales), con aquellas que ven la vida “a través de una pantalla”, porque ahora pareciera que un adolescente no puede soltar el celular ni para comer, porque lo hace viendo videos y se pueden pasar horas y horas deslizando sin parar; acción que recientemente y por primera vez, llevó a un jurado ha decir en voz alta lo que muchos padres sospechaban: “¡las redes sociales son las responsables de esta adicción y dependencia digital!”; y fue un tribunal en California quien ha declarado a Meta (dueña de Facebook e Instagram) y YouTube como “negligentes” por fomentar la adicción en menores a navegar en sus plataformas. Sí, así de directo; la sentencia no solo señala que sabían lo que hacían, sino que sus plataformas estaban diseñadas para engancharlos.
La clave para entender la resolución del tribunal, es que el debate no se centró en si los menores deben o no deben usar redes sociales o si usan mucho el celular, sino en cómo están diseñadas estas plataformas y las técnicas que utilizan para retener la atención y mantenerte navegando en ellas:
Cuántas veces no hemos entrado a ver un video “rápido”, nos sale uno relacionado, y luego otro y otro; cuando caemos en cuenta, llevamos media hora consumiendo contenido. Ese efecto está cuidadosamente construido, y en el caso de los menores, ese tipo de dinámicas puede volverse especialmente problemática, ya que el conjunto de esas técnicas usadas para retener la atención de los usuarios activan en el cerebro el sistema de recompensa que parece proporcionarnos algo parecido a un pequeño premio constante, como si fuera una máquina tragamonedas, que te hace quedarte y queriendo más. De hecho, durante el juicio se llegó a comparar éste fenómeno con un “golpe químico” en el cerebro; si a eso le sumamos el hecho de que los menores aún están desarrollando el autocontrol… el cóctel se vuelve potente.
Por eso, el jurado concluyó que Meta y YouTube contribuyen activamente a la dependencia digital en adolescentes, algo que ya preocupa a especialistas en salud mental desde hace años.
La historia que ha impulsado esta sentencia es la de Kaley, una joven que empezó a usar YouTube con solo seis años, y a los nueve ya tenía cuenta de Instagram, y poco después se abrió un perfil en TikTok y Snapchat, lo inquietante es que llegó a pasar hasta 16 horas al día conectada navegando en estas redes. Sus padres contaron que experimentaba ataques de pánico cuando no tenía acceso al teléfono, no era simplemente un berrinche o que estuviera “de mal humor”, ya era una dependencia real. Con el tiempo al mantener estos hábitos digitales, desarrolló problemas de salud mental como ansiedad, depresión y dismorfia corporal.
Estos casos no son aislados, y justo ahí está el peso que da la sentencia, pues muchos padres reconocen en ese patrón; de hecho, desde el 2023 más de 40 estados en Estados Unidos se han iniciado acciones legales relacionadas con el impacto que tienen las redes sociales en la salud mental en los jóvenes.
El jurado ha determinado que ambas compañías deberán pagar una indemnización inicial de tres millones de dólares: Meta asumirá el 70% y YouTube el 30%, pero ojo, esto es solo la primera fase; el proceso entrará a una segunda fase donde se evaluará si hubo otros delitos, lo que podría aumentar considerablemente las sanciones; además, este fallo se suma a otro en Nuevo México, donde Meta fue condenada a pagar 375 millones de dólares por motivos similares de generación de la adicción y dependencia en menores de edad.
Esto nos recuerda mucho a lo que pasó con la industria del tabaco en los años 90, en el que la idea de fondo es la misma: empresas que conocían los riesgos de sus productos, pero no hicieron lo suficiente para mitigarlos.
Aquí viene la gran pregunta, ¿estas acciones van a cambiar realmente la forma en la que están diseñadas las plataformas? Zuckerberg ha señalado que no está de acuerdo con el veredicto y que está evaluando sus opciones legales, insistiendo en que las plataformas prohíben el acceso a menores de 13 años como argumento central, evidenciando que muchos de los usuarios falsean su edad; sin embargo, el litigio se argumentó que la discusión gira en torno a cómo están hechas las redes para retener a quien ya está dentro de ellas.
Más allá de las cifras o las multas, este caso plantea algo profundo poniendo en el foco central la responsabilidad de la adicción de los menores a las plataformas digitales en general, no sólo a Meta y YouTube, que es la forma en la que su uso moldea el comportamiento de sus usuarios; el debate ya está abierto, y es difícil cerrarlo, ya que cada vez más gobiernos, escuelas y familias están pidiendo que se creen medidas más estrictas para controlar la verificación de edad para la creación de cuentas, el tiempo de uso de los menores de las redes sociales y el impacto real que tienen en su salud mental.
Aunque nadie espera que las redes desaparezcan, sí parece que la forma en la que están diseñadas está empezando a cuestionarse : ¿Hasta qué punto una app puede influir en cómo piensan, sienten y viven los jóvenes?
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