A lo largo de su historia, Facebook (o Meta, a partir de 2021) ha tenido que enfrentarse a una gran cantidad de conflictos legales de todo tipo. Desde el célebre caso Cambridge Analytica (2018), centrado en las implicaciones políticas de la manipulación en redes sociales, hasta las multas por comportamientos anticompetitivos que la Comisión Europea, Reino Unido o Brasil le han aplicado, la empresa dirigida por Mark Zuckerberg ha acumulado, me temo, una gran experiencia en tribunales.
Sin embargo, el reto al que ahora se enfrenta es de una magnitud mucho mayor.
Esta semana comienza un juicio que podría impactar de forma crucial en el negocio de Meta y, como derivada, en todas las redes sociales de alcance masivo.
Dada la contundencia de la denuncia en cuestión, he decidido traducir directamente y pegar aquí algunas de las partes más llamativas de la parte inicial de este texto, en el que se exponen las claves del caso. En concreto, el texto se centra en destacar las repercusiones negativas que el uso de las redes sociales de Meta (Facebook, Instagram) habría tenido sobre los más jóvenes, poniendo nuevamente en el disparadero prácticas como los dark patterns que también están persiguiendo otros organismos como la Comisión Europea.
Además, recrimina a Meta no solo no haber actuado para atenuar ese impacto, sino haber tratado de tergiversar la situación engañando a la opinión pública acerca del mismo. Como verás, el lenguaje utilizado es muy agresivo hacia la compañía y de hecho, el párrafo inicial con el que comienza la denuncia ya es, de por sí, demoledor hacia el equipo que ha dirigido Mark Zuckerberg a lo largo de los últimos años.
(A continuación verás una traducción abreviada de el comienzo de la demanda. Las afirmaciones reproducidas corresponden a los demandantes, no a hechos todavía declarados probados por el tribunal)
“Durante la última década, Meta ha alterado profundamente la realidad psicológica y social de una generación de jóvenes estadounidenses. Meta ha utilizado tecnologías poderosas y sin precedentes para atraer, captar y, finalmente, atrapar a niños y adolescentes. Su motivación es el beneficio económico y, en su intento por maximizar sus ganancias, Meta ha engañado reiteradamente al público sobre los considerables peligros de sus plataformas de redes sociales. Ha ocultado la manera en que estas plataformas explotan y manipulan a sus consumidores más vulnerables: los adolescentes y los niños. Asimismo, ha ignorado los amplios daños que estas plataformas han causado a la salud mental y física de los jóvenes de nuestro país. Al hacerlo, Meta incurrió y continúa incurriendo en conductas engañosas e ilícitas que infringen las leyes estatales y federales.
La estrategia de Meta constaba de cuatro partes:
En primer lugar, el modelo de negocio de Meta se basa en maximizar el tiempo que los usuarios jóvenes pasan en sus plataformas de redes sociales. Meta se dirige específicamente a estos usuarios e incentiva a sus empleados para que desarrollen maneras de aumentar el tiempo que pasan en sus plataformas. Cuanto más tiempo permanecen los usuarios jóvenes en Instagram y Facebook, más dinero obtiene Meta mediante la venta de publicidad dirigida a dichos usuarios.
En segundo lugar, en consonancia con este modelo de negocio, Meta ha desarrollado y perfeccionado un conjunto de funciones psicológicamente manipuladoras, diseñadas para maximizar el tiempo que los usuarios jóvenes pasan en sus plataformas de redes sociales. Meta era consciente de que los cerebros en desarrollo de los usuarios jóvenes son especialmente vulnerables a determinadas formas de manipulación y decidió explotar esas vulnerabilidades mediante funciones específicas como:
Pese a los vínculos sólidos y ampliamente investigados entre el uso de las plataformas de redes sociales de Meta por parte de los jóvenes y los daños psicológicos y físicos, Meta ha continuado ocultando y minimizando los efectos adversos de sus plataformas. Las investigaciones han demostrado que el uso de las plataformas de redes sociales de Meta por parte de los jóvenes está asociado con la depresión, la ansiedad, el insomnio, las interferencias en la educación y la vida cotidiana, así como con muchos otros resultados negativos.
Los estudios internos encargados por Meta —que permanecieron en secreto hasta que una persona denunciante los filtró— revelan que la empresa conoce desde hace años los graves daños asociados con el tiempo que los usuarios jóvenes pasan en sus plataformas de redes sociales. A pesar de ello, Meta ha continuado negando y minimizando públicamente estos efectos perjudiciales y promocionando sus plataformas como entornos seguros para los usuarios jóvenes.
Finalmente, Meta también ha incumplido sus obligaciones en virtud de la Ley de Protección de la Privacidad Infantil en Internet —Children’s Online Privacy Protection Act o COPPA— al recopilar ilícitamente los datos personales de sus usuarios más jóvenes sin el permiso de sus padres.
Meta ha comercializado y dirigido sus plataformas de redes sociales a menores de 13 años y tiene conocimiento efectivo de que estos niños utilizan sus plataformas. Sin embargo, se ha negado a obtener —o incluso a intentar obtener— el consentimiento de sus padres antes de recopilar y monetizar sus datos personales. Asimismo, Meta se niega a limitar la recopilación y utilización de la información personal de estos menores, tal como exige la ley”.
Esa es, básicamente, la justificación de esta denuncia, sobre la que tendrá que decidir un tribunal federal de Oakland (California). Ahí se decidirá si Meta debe afrontar hasta 1,4 billones de dólares en sanciones, una cifra cercana a la capitalización bursátil de la compañía, con el impacto que eso podría suponer en sus arcas.
La demanda original no cuantificaba las sanciones reclamadas, pero en la fase previa al juicio, Meta señaló que el método de cálculo planteado por los estados podría elevar las sanciones civiles y la devolución de beneficios hasta esos 1,4 billones de dólares. Es un escenario máximo que la compañía rechaza por considerarlo desproporcionado.
Además, los demandantes, 33 estados de Estados Unidos, representados por sus respectivos fiscales generales, exigen cambios en la forma de operar de Facebook e Instagram que podrían impactar directamente a la forma de operar de todas las grandes redes sociales.
Se estima que el juicio dure entre seis y ocho semanas, y que Mark Zuckerberg esté entre los directivos de Meta que declaren en él.
El gran problema para el social media mundial con esta demanda es que incide directamente en algunas de las prácticas comunes en todas (o casi todas) las grandes plataformas a nivel mundial. Múltiples analistas han apuntado que, de producirse una resolución desfavorable hacia Meta, este podría ser considerado como un caso de referencia, una puerta abierta a otras muchas demandas contra otras redes sociales, en un entorno que muchos ya comparan como el de la cascada de sentencias contra las tabacaleras en los años 90.
El scroll infinito, las notificaciones push, las reproducciones automáticas de vídeos o los algoritmos de recomendación orientados a maximizar la interacción y que la demanda describe como capaces de explotar los circuitos de recompensa, están en la base de la mecánica de funcionamiento de las redes actuales y, como habrás supuesto, tienen un denominador común: la maximización del tiempo de permanencia.
Si una resolución obligara a Meta a introducir límites de uso, sistemas más estrictos de verificación de edad o controles parentales adicionales, otras plataformas podrían verse presionadas para adoptar medidas similares, ya fuera por nuevas demandas, por cambios regulatorios o para reducir su propia exposición jurídica.
Y esto podría reducir drásticamente las horas de navegación de los usuarios.
Y, en principio, a menos horas de navegación, menos anuncios vistos, menos anuncios clicados, y menos ingresos publicitarios.
Por si esto fuera poco, Meta tiene otra gran espada de Damocles sobre su cabeza, por motivos muy parecidos a los de esta denuncia. El pasado mes de abril, la Comisión Europea anunció que, preliminarmente, Meta incumple la Ley de Servicios Digitales por no evitar que los menores de 13 años utilicen Instagram y Facebook. El proceso legal todavía tiene recorrido por delante, pero la Comisión ha explicado que la empresa creada por Mark Zuckerberg se expone a una multa que puede suponer todo un castigo a sus arcas: hasta 10.000 millones de euros.
Imagen: ChatGPT
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