Sales de trabajar, subes al transporte, te atoras en el tráfico durante dos horas y, cuando por fin abre la puerta de tu casa, te das cuenta de que otra vez el día terminó antes de que pudieras hacer algo para ti. Esa sensación de que la vida se escurre entre la oficina, los traslados y los trastes sucios no es casualidad; tiene un nombre y la pobreza de tiempo en México se ha convertido en una crisis silenciosa para los trabajadores.
Estimaciones oficiales calculan que 84.2 millones de personas en el país enfrentan esta condición, la cual ocurre cuando las horas dedicadas al trabajo remunerado, las tareas domésticas y los desplazamientos absorben casi la totalidad del día, reduciendo (o incluso eliminando) el espacio para el ocio y el autocuidado.
Es por ello que, cuando las personas evalúan una oferta de empleo, una de las prioridades a considerar, después de la remuneración económica, es cuánto tiempo les dejará libre al cerrar la computadora.
Para entender la raíz del problema, hay que mirar más allá de la jornada presencial de ocho horas. La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) del INEGI revela que las mujeres destinan en promedio 61 horas semanales al trabajo total, mientras que los hombres dedican 58 horas.
Hablamos de que las personas suelen trabajar entre 10 y 12 horas por día en promedio. Además, si sumamos que las personas suelen pasar hasta cuatro horas en el tráfico, cualquier esquema presencial que no justifique esa interacción física se vuelve cada vez menos atractivo.
De acuerdo con el Market Research 2026 de Pandapé y Computrabajo, aunque el sueldo representa el 44% de la decisión para cambiar de empleo, el 56% restante depende de las condiciones de vida que ofrece la empresa. Hoy en día, respetar horarios de salida y evitar mensajes fuera del turno laboral se han vuelto factores claves para evitar la rotación.
Como explica Haydeé Jaime, Content Strategy Manager de Pandapé, el bienestar ya no depende solo de lo que ocurre dentro de la jornada, sino de lo que el empleo te permite hacer fuera de ella. Para las empresas, el reto urgente consiste en dejar de tratar la flexibilidad como un “favor” o un beneficio aislado para convertirla en el pilar de su estrategia de Recursos Humanos.
Implementar esquemas híbridos, ajustar horarios según la vida real de los colaboradores y apoyarse en herramientas tecnológicas para automatizar tareas rutinarias permite devolverle horas valiosas a las personas. Al final, apoyar a tu equipo para que recupere tiempo de calidad no es solo un acto de empatía, sino la decisión de negocios más inteligente para retener al mejor talento.
La pobreza de tiempo en México es un problema que, conforme incrementa, más preocupación hay en la población, convirtiendo la flexibilidad y la desconexión real en requisitos indispensables al buscar trabajo más que un lujo deseable, aunque lamentablemente para muchos sí sigue siendo un privilegio.
Imagen: GPT Images 2.0
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