Hay una pregunta que pocas veces nos hacemos cuando hablamos de “inclusión financiera”: ¿incluida en qué, exactamente? Kueski acaba de lanzar pago de servicios y recargas, una funcionalidad que permite pagar luz, internet, celular, streaming, transporte y hasta plataformas educativas desde su app y dividir ese pago en quincenas, sin tarjeta de crédito ni débito. Más de 122 servicios y 58 operadoras de recarga disponibles, todo desde el celular, en minutos.
La noticia de su comunicado parece técnica, pero no lo es.
Kueski no está resolviendo un problema de tecnología; está respondiendo a una realidad mucho más vieja y más estructural: en México, el tiempo económico corre en quincenas, no en meses ni en ciclos de tarjeta de crédito.
Según datos de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF 2024) citados en el propio comunicado de la empresa, cerca del 75% de las transacciones mayores a 500 pesos en el país todavía se realizan en efectivo. Para montos menores, ese porcentaje sube al 85%.
Estos números son el retrato de cómo funciona la economía real de millones de mexicanos, al margen de lo que digan los reportes sobre digitalización. Lo interesante es por qué una solución así se vuelve necesaria en 2026.
México vive una paradoja ruidosa. Por un lado, el país se perfila como uno de los principales campos de batalla de la digitalización financiera global: según un análisis de El Universal publicado en marzo de 2026, el sistema financiero mexicano podría registrar más cambios en los próximos dos años que en los últimos 15, impulsado por la llegada de nuevos bancos digitales y la expansión del ecosistema fintech. Las billeteras digitales ya representan alrededor del 28% del valor del comercio electrónico nacional, y más de 19.5 millones de personas utilizan servicios financieros digitales, de acuerdo con un estudio de DiDi y The Competitive Intelligence Unit publicado en marzo de 2026.
Por el otro lado, 7 de cada 10 transacciones entre la población bancarizada aún se realizan en efectivo, según el Estudio de Medios de Pago 2025 de NTT DATA. Y el problema, como señala ese mismo reporte, no es la falta de opciones, sino las condiciones que determinan su uso real.
El reto no está en la tecnología disponible, sino en lograr que esta sea percibida como una opción confiable y accesible. La razón principal por la que el efectivo sobrevive no es la falta de estructura tecnológica: es emocional y experiencial; la confianza.
A esto se suma una brecha geográfica que no desaparece por decreto: la penetración de internet es alta en zonas urbanas (86.9%), pero baja en zonas rurales (68.5%). También persisten brechas de género y de edad.
Y hay algo más que vale la pena nombrar es el crecimiento de la economía digital no siempre se traduce en beneficios para toda la población. Aunque se habla de modernización, todavía existen desigualdades profundas que excluyen a millones de personas. Alejandra Villegas, académica de la Universidad Iberoamericana, plantea que la narrativa que equipara digitalización con desarrollo resulta limitada, pues ignora las condiciones desiguales desde las que parte la población.
El modelo que usa Kueski conocido como BNPL, Buy Now, Pay Later, o “compra ahora, paga después” está en plena expansión en México. El mercado BNPL mexicano crecerá 27.6% anual para alcanzar 5,080 millones de dólares en 2026, tras haber registrado un crecimiento sólido entre 2022 y 2025 con una tasa compuesta de 29%. Las proyecciones para 2031 hablan de un mercado de 13,850 millones de dólares.
Pero el dato que más dice algo sobre el perfil de quienes adoptan este modelo es otro: el 49.5% de los adultos mexicanos no tiene acceso a crédito formal. El BNPL no crece porque la gente prefiera aplazar pagos por gusto. Crece porque, para millones de personas, es la única forma de acceder a crédito sin historial, sin tarjeta y sin trámites.
En México, el 38% de los millennials y el 31% de la generación Z ya usan BNPL como método de pago preferido. Su éxito se basa, según el mismo análisis, en tres pilares: simplicidad, transparencia y acceso sin historial crediticio.
Lo que Kueski hace con su nueva funcionalidad es llevar esa lógica a los servicios básicos, no a bienes de consumo discrecional, sino a la luz, al internet, al celular. Eso cambia el peso moral y práctico de la propuesta.
Y no es un movimiento menor, Kueski lleva desde 2012 operando en México y hasta la fecha ha emitido más de 40 millones de préstamos en el país. Hoy, alrededor del 40% de los principales comercios electrónicos mexicanos ofrecen Kueski Pay como método de pago. No es una startup probando hipótesis: es una plataforma con escala real que está eligiendo, con este lanzamiento, entrar al territorio de los gastos fijos, el territorio más íntimo y más tenso de la economía familiar.
Lisset May, SVP de ventas de Kueski, lo dijo con una claridad que vale la pena detenerse a leer: “En México, gran parte de las personas administra sus gastos alrededor de ingresos quincenales, no necesariamente alrededor de tarjetas de crédito. Pago de servicios y recargas nace para adaptarse a esa realidad y ofrecer una forma más flexible de cubrir gastos cotidianos desde un solo lugar.”
Esa frase no es un diagnóstico y es exactamente el tipo de diagnóstico que el sistema financiero tradicional ha evitado hacer durante décadas porque implicaría rediseñarse desde cero.
Hay un filósofo que me ronda cada vez que leo noticias de este tipo: Amartya Sen; Premio Nobel de Economía, sí, pero antes que eso, filósofo del desarrollo humano. Sen argumentó algo que parece obvio pero que rara vez aplicamos a las finanzas: que la libertad real no es tener opciones disponibles en abstracto, sino tener la capacidad efectiva de convertir esas opciones en funcionamientos concretos en tu vida.
En su lenguaje, no basta con que exista una herramienta digital; la pregunta es si tú, con tu conexión, tu dispositivo, tu nivel de alfabetización financiera y tu ritmo de ingresos, puedes realmente usarla.
Esto me parece fundamental cuando hablamos de Kueski y de todo el ecosistema fintech en México. Porque hay dos formas de leer lo que está pasando:
La primera lectura es optimista y bastante obvia: la tecnología está bajando las barreras de acceso al crédito y a los servicios financieros para personas que el sistema bancario tradicional ignoró durante décadas. Eso es real y es valioso.
La segunda lectura es más incómoda: el efectivo no es un rezago, es un componente esencial del funcionamiento económico para millones de personas que operan fuera del sistema financiero formal, no por elección, sino porque el propio sistema no les ofrece condiciones de acceso viables.
La quincena, en ese sentido, no es solo un ciclo de pago; es una forma de habitar el tiempo económico. Es la cadencia con la que millones de familias mexicanas organizan su vida: cuándo comen mejor, cuándo pagan servicios, cuándo ahorran o se endeudan. Una plataforma que respeta esa cadencia no está siendo condescendiente; está siendo, quizás por primera vez, honesta con la realidad de sus usuarios.
Lo que me parece filosóficamente interesante del movimiento de Kueski es que no intenta cambiar a las personas para que encajen en el sistema, intenta que el sistema encaje en las personas. Eso es, en términos senneanos, ampliar capacidades reales, no solo disponibilidad de opciones.
Pero (y este es el pero que no podemos tragarnos) eso solo funciona si la herramienta llega a quien la necesita. Y hoy todavía 4 de cada 10 personas en zonas rurales no tienen acceso a internet, lo que limita de forma estructural el uso de pagos digitales.
La pregunta que me quedo haciendo no es si Kueski es bueno o malo. Es: ¿para quién es esta revolución, y quién sigue quedando afuera de ella?
La tecnología por sí sola no garantiza una transformación estructural; por eso, la educación financiera se presenta como un elemento clave para ampliar la adopción donde más del 20% de la población en México permanece fuera del sistema financiero formal.
La experiencia regional demuestra que los pagos en tiempo real pueden detonar competencia, innovación y crecimiento económico, siempre que exista coordinación entre reguladores, bancos y fintech. Brasil lo hizo con Pix y México tiene el ecosistema, tiene los actores y demanda; lo que aún no tiene es esa coordinación que convierta la innovación privada en transformación estructural.
Mientras eso ocurre, plataformas como Kueski llenan un vacío real. No perfecto, no universal, pero real.
Y eso, para la quincena de esta semana, no es poca cosa.
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