OpenAI publicó su radiografía más reciente de adopción global de ChatGPT; el dato que debería llamarnos la atención en esta región es que por primera vez, más de la mitad de las personas que usan ChatGPT lo hacen predominantemente en un idioma distinto al inglés, y el español encabeza esa lista, junto con el portugués y el árabe.
Leído solo, es una buena noticia de inclusión tecnológica; leído junto con lo que está pasando puertas adentro de la industria de IA este mismo año, abre una pregunta: ¿estamos usando la herramienta en nuestro idioma, o solo le estamos hablando en nuestro idioma mientras ella sigue “pensando” mayoritariamente en otro?
El informe How ChatGPT adoption has expanded, parte del programa de datos abiertos OpenAI Signals, se basa en una muestra de cuentas individuales (Free, Go, Plus y Pro) creadas entre octubre de 2025 y mayo de 2026; con tres hallazgos centrales:
OpenAI ofrece estos datos abiertamente para investigación, incluido un portal regional en español donde detalla, además, que los usuarios profundizan su uso de la herramienta tanto en tareas laborales (ayuda técnica, redacción) como personales, y que distingue tres tipos de interacción: pedirle a ChatGPT que haga algo, que responda algo, o simplemente expresarse ante él sin buscar ni acción ni información.
Tabla de consultas en ChatGPT de OpenAI
El reporte global de OpenAI no entra en el detalle por país, así que vale la pena cruzarlo con lo que ha venido documentando la prensa especializada de la región a lo largo de este año.
En febrero de 2026, OpenAI extendió a toda Latinoamérica su plan ChatGPT Go, una suscripción de bajo costo (alrededor de 6 a 8 dólares mensuales) pensada explícitamente para mercados emergentes. Según cobertura de Roastbrief, los usuarios semanales de ChatGPT en la región casi se triplicaron en un año, y Latinoamérica llegó a representar 14% de las visitas globales a plataformas de IA pese a concentrar solo 11% de los usuarios de internet del mundo: la región está, hoy, sobrerrepresentada en el uso de IA en relación con su peso digital.
Esa adopción ya no es solo de productividad o estudio. Una investigación de marzo de 2026 del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), recogida por Infobae, encontró que ChatGPT ya es una de las herramientas digitales más usadas para consultas de salud en Argentina, Brasil, Colombia y México, y que escaló al segundo lugar en el ámbito educativo, por delante de plataformas con años de trayectoria como Duolingo. El 84% de la población encuestada en esos cuatro países percibe que la IA tiene un efecto positivo en su vida diaria, y casi la mitad ya usa aplicaciones basadas en IA de forma habitual. El mismo estudio advierte que esa adopción no es uniforme: entre los mayores de 65 años, los canales tradicionales (portales de salud, Facebook) siguen dominando.
Aquí está, para mí, el dato que conecta todo y que ningún reporte menciona de forma directa. En febrero de 2026, Chile presentó Latam-GPT, el primer modelo de lenguaje abierto entrenado específicamente con datos de la región. Sus propios desarrolladores señalaron, citando estimaciones sobre repositorios abiertos como Common Crawl, que el español y el portugués representan apenas 4% y 2%, respectivamente, del total de datos con los que se entrenan los grandes modelos comerciales actuales, pese a que América Latina concentra cerca del 8% de la población mundial.
Pongamos las dos cifras una al lado de la otra. El español ya es, según OpenAI, el idioma no inglés más usado en ChatGPT; y al mismo tiempo, según quienes construyeron una alternativa regional precisamente para corregir ese desequilibrio, el español apenas ocupa una fracción mínima del material con el que esos mismos modelos aprendieron a razonar. No es que ChatGPT no entienda español, lo entiende razonablemente bien como idioma. El quid de la cuestión es si entiende igual de bien el contexto en español (los matices, las referencias, los sistemas de salud, educativos y financieros de cada país) que el contexto en inglés, cuando ese es el idioma en el que mayoritariamente fue construido.
Esa brecha no se nota cuando le pedimos a la IA que nos ayude a redactar un correo; empieza a importar cuando, como ya documenta el estudio del ITBA, le preguntamos por un síntoma, un trámite o una decisión que de verdad nos afecta.
Nada de lo anterior es una razón para desconfiar de ChatGPT ni para frenar su adopción, que de cualquier forma ya viene creciendo más rápido en español que en casi cualquier otro idioma. Es, más bien, una invitación a usarla con la cabeza puesta en ese desequilibrio: para escribir, resumir, aprender un concepto o ahorrar tiempo, la herramienta funciona igual de bien en español que en inglés. Pero para decisiones de salud, dinero o trámites legales, justo los terrenos donde el contexto local importa más, vale la pena tratar la respuesta como un primer borrador o una directríz, no como la palabra final, y contrastarla con una fuente especializada antes de actuar.
Hablamos con la IA en español más que nunca; que también nos entienda en español, con todo lo que eso implica, todavía es una conversación pendiente.
Imagen: GPT Images 2.0
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