Detrás de cada juego hay una plataforma que decide cómo, cuándo y a qué precio lo juegas. Detrás de cada plataforma hay una guerra por tu tiempo y tu suscripción mensual. Y detrás de esa guerra hay un mercado que se convirtió en uno de los más grandes de América Latina.
Si en la primera parte de esta serie hablamos de los juegos que definieron los nuevos modelos de negocio (Fortnite, Roblox, GTA), esta entrega va a donde viven esos juegos: las plataformas que los distribuyen y las sagas que llevan décadas construyendo lealtades: ¿Xbox, PlayStation o Nintendo? La pregunta parece de preferencia personal, pero esconde algo interesante: tres modelos de negocio completamente distintos compitiendo por el mismo jugador. Un jugador que, en México, forma parte del décimo mercado de videojuegos más grande del mundo.
Si los juegos son el contenido, las plataformas son el canal. Y en 2025-2026 la guerra entre las tres grandes del hardware (Microsoft con Xbox, Sony con PlayStation, Nintendo con Switch) se está librando cada vez menos en los estantes de las tiendas físicas y cada vez más en los servicios de suscripción y la nube.
Xbox Game Pass es quizás el movimiento estratégico más audaz de Microsoft en la historia de su división gaming. La propuesta es simple en concepto pero compleja en ejecución: por una cuota mensual, accedes a un catálogo de cientos de juegos, incluyendo lanzamientos de Xbox Game Studios desde el día uno. En México el servicio ronda desde aproximadamente 149 a 249 pesos mexicanos dependiendo del plan, y mayo de 2026 arrancó con una de sus alineaciones más ambiciosas del año: Forza Horizon 6 y Subnautica 2 disponibles directamente en el servicio desde su lanzamiento. Tras meses de críticas por un aumento de precios aplicado en octubre de 2025, Xbox decidió dar marcha atrás y ajustar a la baja el costo de su plan Ultimate, una señal de que la guerra por suscriptores no admite errores de precio en mercados sensibles como el latinoamericano.
PlayStation Plus de Sony sostiene una propuesta más escalonada (Essential, Extra, Premium) con catálogos diferenciados por nivel. PlayStation Plus Extra/Premium arranca desde aproximadamente 199 a 259 pesos mexicanos al mes, con buen catálogo pero pocos estrenos de lanzamiento incluidos desde el día uno; además del acceso online y guardados en la nube como ancla del valor básico.
Nintendo juega un partido diferente al de sus competidores, y eso es precisamente su ventaja. Nintendo Switch Online con Expansion Pack cuesta 999 pesos al año (unos 83 pesos al mes), resultando más accesible en precio con una propuesta enfocada en juego familiar y títulos clásicos. Pero donde Nintendo realmente gana no es en el servicio de suscripción: es en el hardware y en las franquicias que lo anclan.
La Nintendo Switch 2 merece su propio párrafo porque sus cifras son, en el sentido más literal, difíciles de procesar.
Hasta el 31 de diciembre de 2025, Nintendo había vendido más de 17 millones de unidades de Switch 2 en todo el mundo, una cifra récord para el primer año de vida de una consola. Los resultados financieros de Nintendo reflejan un salto del 110% en ventas netas y un aumento del 19.5% en sus ganancias operativas. Nintendo vende 2,600 consolas por hora y proyecta ventas récord de 2.25 billones de yenes para 2026.
El motor de ese crecimiento no es el hardware en sí mismo: son las franquicias. Mario Kart World lideró con 14.03 millones de unidades vendidas, seguido por Donkey Kong Bananza con 4.25 millones y Pokémon Legends Z-A con 3.89 millones en su edición Switch 2. Datos que confirman algo que Nintendo sabe mejor que nadie: sus personajes no son mascotas de marca, son activos económicos de primer nivel.
Hay una fuerza económica en el videojuego que los análisis de corto plazo suelen ignorar: las franquicias que no envejecen.
The Legend of Zelda: Breath of the Wild acumula 33.84 millones de copias vendidas, Super Mario Odyssey, 30.50 millones y Pokémon Scarlet/Violet, 28.28 millones. Estos no son picos de lanzamiento; son acumulados que siguen creciendo años después de su salida porque cada nueva generación de jugadores los descubre como si fueran nuevos.
La franquicia Mario en su conjunto acumula más de 800 millones de copias vendidas a través de todos sus títulos. Zelda y Pokémon tienen trayectorias similares de longevidad y reinvención constante. Y luego está Pokémon Go: el juego de realidad aumentada de Niantic que en 2016 sacó literalmente a millones de personas a las calles sigue activo en 2026, más de nueve años después de su lanzamiento, con eventos presenciales que generan economías locales completas (merchandise, viajes, hospedaje) en las ciudades anfitrionas.
Estas franquicias no son solo juegos: son sistemas de valor que trascienden el software. Generan merchandise, películas ((la película de Mario Bros recaudó más de 1,300 millones de dólares en 2023 y 894,2 millones de dólares en taquilla mundial con su segunda entrega este 2026), parques de atracciones, ropa, coleccionables, series animadas. Son, en el sentido más literal, ecosistemas multimedia que se comportan exactamente igual que las grandes IPs del anime que analizamos en otra entrega anteriormente.
Hay algo que conecta a Fortnite con Mario Kart World, a Roblox con Pokémon Go, al Battle Pass con Nintendo Switch Online, aunque superficialmente parezcan productos completamente distintos. Todos operan sobre el mismo principio: la lealtad no se compra, se cultiva. Y se cultiva con tiempo, con ritmo, con la promesa renovada de que siempre hay algo nuevo esperando dentro del universo que ya conoces y amas.
El filósofo francés Gilles Deleuze tenía un concepto que aplica perfectamente aquí: la repetición con diferencia. No la copia idéntica (eso aburre) sino la variación que mantiene la esencia reconocible mientras introduce lo suficientemente nuevo para sostener el deseo. Cada temporada de Fortnite, cada nueva entrega de Zelda, cada generación de Pokémon es exactamente eso: repetición con diferencia. El mismo círculo mágico de Huizinga del que hablamos en la primera parte, reinventado lo justo para que nadie quiera salirse de él.
La industria no descubrió esto por accidente, lo perfeccionó durante décadas. Y el resultado es un modelo de negocio que genera lealtades que ninguna otra industria del entretenimiento puede replicar con la misma consistencia.
México no es un mercado secundario del gaming global. Según el estudio Game On: El auge del gaming realizado por Endeavor y Santander, México es el primer mercado de videojuegos en América Latina y el décimo a nivel mundial, con más de 76 millones de jugadores activos y más de 2,300 millones de dólares anuales en ingresos.
En la última década, el número de hogares mexicanos con consolas creció 125%. 4 de cada 10 consolas en uso corresponden a modelos de nueva generación. El gasto promedio por consola en 2024 fue de 7,024 pesos, con 757 pesos promedio por videojuego comprado. Las descargas digitales representan el 36% del gasto total de los jugadores mexicanos, y las suscripciones ya concentran el 11%, una proporción que crece trimestre a trimestre según datos presentados por The CUI.
59.7 millones de los jugadores del país son gamers móviles (el 82.3% del total), lo que posiciona a México como uno de los mercados móviles más relevantes de la región.
Para las marcas, las plataformas y los desarrolladoras que lean esto: México no necesita ser convencido de que el videojuego importa; ya lo sabe. Lo que necesita es oferta que responda a sus condiciones específicas: precios en moneda local accesibles, métodos de pago que incluyan la infraestructura disponible (OXXO, SPEI, tarjetas de prepago) y contenido localizado que entienda al jugador latinoamericano desde adentro, no desde afuera.
La industria del videojuego no es monolítica; es un ecosistema de ecosistemas: plataformas que compiten por suscriptores, sagas que acumulan generaciones de fans, mercados como México que crecen con lógicas propias. Lo que las conecta es algo simple: todas apuestan a que el jugador vuelva mañana, y pasado, y el año que viene.
Esa apuesta sostenida durante décadas, perfeccionada con cada iteración, es lo que hace del videojuego no solo una de las industrias de entretenimiento más grande del mundo, sino una de las más estudiadas y menos comprendidas fuera de sus propios círculos.
En la siguiente parte cerramos la serie donde empezamos: con el artículo de NVIDIA que detonó todo esto. Hardware, inteligencia artificial, RTX 50, y por qué Forza Horizon 6 corriendo a 330 cuadros por segundo en 4K es tanto una hazaña técnica como una declaración de intenciones sobre hacia dónde va la industria.
Nos vemos en la siguiente entrega, Marketerlovers.
Imagen: GPT Images 2.0
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