Si esta semana entraste a TikTok, Facebook o Linkedin y viste noticias relacionadas a un señor canoso, bigotón y en bata blanca de una farmacia en Perú, no, no te falló la memoria y no es el Dr. Simi. Es su “primo lejano”, el Dr. Guali, y en cuestión de días se volvió el protagonista de uno de esos debates que tanto le gustan a internet: ¿esto es una casualidad, un homenaje o directamente un plagio?, a una de las botargas más queridas del país.
La comparación era casi inevitable. Pelo blanco, bigote, bata médica, un nombre que empieza con “Dr.” seguido de un apellido inventado y hasta los mismos pasos de baile frente al local, como para no notarlo. Pero antes de sacar conclusiones (que es lo que ha hecho medio internet), vale la pena entender qué dice realmente la ley cuando dos marcas se parecen demasiado, y por qué “se ve igual” no siempre significa “es ilegal”.
El Dr. Guali es la mascota de La Botica del Dr. Guali, una cadena de farmacias peruana que, hasta hace poco, nadie fuera de Perú conocía. Su estrategia de lanzamiento fue, primero, que generaron expectativa en redes y después, el 2 de marzo, revelaron oficialmente al personaje como la nueva imagen de la marca. Funcionó de maravilla, aunque probablemente no de la forma que esperaban, porque lo que se disparó no fueron solo sus ventas, sino las comparaciones.
Sobre quién está detrás del negocio, cuándo empezó a operar o qué tan grande es su cadena de sucursales, la información pública sigue siendo bastante escasa. Tampoco hay claridad, por ahora, sobre si el diseño del personaje cuenta con algún registro de propiedad intelectual propio en Perú.
Pongamos los parecidos sobre la mesa, porque son bastante puntuales:
Ese último punto es, en realidad, el que más le importa a un abogado de marcas. No es lo mismo que dos empresas de rubros distintos usen personajes parecidos, a que dos farmacias que venden exactamente lo mismo usen una imagen casi calcada. Ahí es donde empieza a hablarse de “riesgo de confusión para el consumidor”, que es justo el concepto que revisan las autoridades cuando alguien denuncia una posible infracción.
Hasta ahora, ni Farmacias Similares ni La Botica del Dr. Guali han hecho un pronunciamiento oficial sobre el tema. No hay demanda, no hay acusación formal, solo la conversación que armó la propia gente en redes.
Aquí viene la parte más viral e importante “de todo el borlote” en redes sociales, parecerse no es lo mismo que infringir una ley; para que exista una infracción real de propiedad intelectual hace falta bastante más que un parecido a simple vista. Se necesita, por ejemplo, saber quién es el dueño de los derechos del personaje del Dr. Guali, si ese diseño está o no registrado en Perú, y qué elementos específicos del Dr. Simi cuentan con protección legal en ese país.
Aquí es donde entra un concepto que casi nadie conoce fuera del mundo legal, pero que explica todo este lío: el trade dress, o como se le llama en español, imagen comercial. No se trata solo del logo o del nombre de una marca, sino de todo el conjunto de elementos que hacen que la reconozcas de un vistazo: colores, forma, empaque, decoración de las tiendas y, sí, también personajes o mascotas. En México, por ejemplo, esta figura se puede registrar ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial dentro de las llamadas “marcas no tradicionales”, junto con cosas como sonidos u hologramas.
El detalle importante es que esa protección no es automática ni universal. El registro de una marca es territorial: si Farmacias Similares protegió la imagen del Dr. Simi en México, eso no significa que automáticamente esté protegida en Perú. Tiene que registrarla ahí también, país por país.
Y aquí hay un dato que le cambia el tono a toda la historia, de acuerdo con registros consultados en Datos Perú, Farmacias de Similares S.A. sí cuenta con protecciones para su marca y la figura del Dr. Simi en territorio peruano, un registro que obtuvo desde junio de 2023 ante Indecopi (el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual, la autoridad peruana en este tema). Es decir, la farmacia mexicana ya había puesto una bandera legal en ese mercado antes de que el Dr. Guali apareciera.
Eso no equivale automáticamente a una condena para la farmacia peruana, pero sí cambia el panorama: si Indecopi llegara a determinar que existe un riesgo real de confusión para el consumidor, dado que ambas compiten en el mismo giro, con medicamentos genéricos y consultas médicas económicas, el asunto podría dejar de ser solo un tema de redes sociales y convertirse en un caso administrativo.
Para entender por qué la comparación resulta tan polémica, hay que ir al origen del personaje mexicano. Farmacias Similares nació en 1997, de la mano de Víctor González Torres, con una idea sencilla: medicamentos genéricos accesibles y consultas médicas baratas para gente que normalmente no podía pagar ni lo uno ni lo otro. Antes de esto, González Torres había trabajado en Laboratorios Best, la empresa que fundó su padre en 1954.
El Dr. Simi, con su bata blanca, bigote y aire de caricatura entrañable, está inspirado en el actor mexicano Joaquín Pardavé. Lo que empezó como una botarga afuera de las farmacias para llamar la atención terminó siendo mucho más grande que la marca misma: hoy es parte de la cultura pop mexicana, protagonista de memes, peluches que vuelan hacia los escenarios en conciertos, e incluso motor de iniciativas ambientales como el movimiento SíMiPlaneta.
Ese recorrido de casi tres décadas es justo lo que hace que la aparición repentina de un personaje casi idéntico en otro país llame tanto la atención. No es que el concepto de “farmacia con mascota amigable” sea exclusivo del Dr. Simi, pero cuando el parecido incluye hasta los pasos de baile, es difícil no pensar en una inspiración muy, muy directa.
Con la información pública que existe hoy, jurídicamente no se puede afirmar que haya un plagio confirmado. Lo que sí existe, sin duda, es una controversia pública por un parecido visual bastante notorio. Para que un caso así avance de verdad, normalmente se necesitaría:
Mientras que esto no pase, lo único confirmado es que un personaje peruano se volvió viral por parecerse mucho a uno mexicano, y que esa viralidad, irónicamente, terminó siendo la mejor campaña de marketing que pudo haber tenido la farmacia peruana: sus seguidores en TikTok se dispararon gracias a la polémica.
Y si crees que esto de las copias transfronterizas es nuevo, te cuento algo que seguramente le suena a más de uno. Recordemos que allá por 2005 se destapó un caso que, guardando las distancias, se asemeja a la misma lógica que el del Dr. Guali: una empresa china llamada Zhongshan Giordon Audio Alarm Equipment, dedicada a vender alarmas y sistemas de seguridad para autos, usaba un logotipo prácticamente idéntico al del IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social). Mismo diseño, mismo trazo del águila protegiendo a una madre con su bebé; lo único que cambiaba era el color, verde en el original, rojo en la copia.
Lo curioso es que Giordon llevaba usando ese logo desde 1996, casi una década antes de que alguien en México se diera cuenta. Cuando el IMSS intentó resolverlo por la vía amistosa, la empresa china se negó a cambiarlo, alegando que habían invertido bastante dinero en su diseño y que ya lo tenían registrado en más de diez países sin ningún problema previo. El caso terminó en manos del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), que presionó para que Giordon modificara su imagen si quería seguir vendiendo en territorio mexicano. Al final, la empresa cedió y se quedó solo con el nombre, ahora con una tipografía distinta.
¿Por qué viene al caso mencionarlo aquí? Porque deja clarísimo algo que ya adelantábamos, que un logo o un personaje se parezca “sospechosamente” a otro no basta para resolver nada por sí solo. Lo que realmente inclina la balanza es quién tiene el registro, en qué país y qué tan dispuesta está la parte afectada a pelearlo. El IMSS tuvo que mover a su equipo legal y esperar años para ver resultados; algo parecido podría tardarse el capítulo del Dr. Guali, si es que Farmacias Similares decide llevarlo más allá de las redes sociales.
Más allá del morbo de la comparación, este caso deja una enseñanza bastante clara para cualquier negocio, grande o pequeño: la imagen de tu marca (tu mascota, tus colores, tu manera de presentarte) vale tanto como tu nombre, y si no la registras donde operas, básicamente estás dejando la puerta abierta para que alguien más lo use si ya es reconocible para los usuarios. En Perú rige el principio de “primer registro”, es decir, los derechos no son de quien usa una marca primero, sino de quien la inscribe primero ante Indecopi. Así de simple, y así de importante.
Así que, ¿inspiración o plagio? Me gustaría saber tu opinión, pero la respuesta larga que encuentro es que, mientras el mundo debate en los comentarios, el verdadero desenlace de esta historia se va a definir no en TikTok, sino en las oficinas de propiedad intelectual, si es que alguna de las dos partes decide llevarlo hasta ahí.
Imagen: GPT Images 2.0
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