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Considerando la situación actual en la que la que la digitalización se ha vuelto fundamental y para enfrentar los impactos provocados por la pandemia del coronavirus, La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) propuso a los países de la región generar una canasta básica tecnológica para darle más posibilidades a los hogares que no están conectados.

Aunque en México la brecha digital ha disminuido porque de acuerdo a datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en el 2019 el número de usuarios de Internet llegó a 80.6 millones, que representa un 70,1% de la población total; esta iniciativa podría ayudar a aumentar la conectividad en el país y dar mayor impulso a los negocios digitales, la educación y el trabajo online.

Una Canasta Básica Tecnológica para garantizar el acceso a la información y telecomunicaciones

La propuesta de la Cepal de la canasta básica tecnológica contempla una computadora portátil, un smartphone, una tablet y un plan de conexión para los hogares no conectados, con un costo anual inferior al 1% del PIB.

Este proyecto fue presentado por Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal, durante su presentación del Informe especial “Universalizar el acceso a las tecnologías digitales para enfrentar los efectos del Covid-19”.

En el reporte Bárcena destaca que la implementación de soluciones tecnológicas han sido esenciales para el funcionamiento de la economía y la sociedad durante la crisis de la pandemia provocada por el coronavirus. “Sin embargo, el alcance de esas acciones es limitado por las brechas en el acceso y uso de esas tecnologías y las velocidades de conexión”, señaló.

La brecha digital en los países de América Latina

De acuerdo con el informe de la Cepal en el 2019, solo el 66,7% de los habitantes de la región tenían conexión a internet. Esto implica que un 33,3% tiene acceso limitado o no tiene acceso a las tecnologías digitales por factores económicos y sociales, en particular su edad y localización.

De los 12 países de la región, en promedio 81% de los hogares del quintil de ingresos más alto tiene conexión a Internet; esto se divide en 38% de los hogares del primer quintil y de 53% en el segundo.

En cuanto a las zonas urbanas y las rurales se muestran diferencias muy significativas. Siendo que el 67% de los hogares urbanos está conectado a Internet y en las zonas rurales solo están conectados 23%.

En una segmentación por grupos etarios, los jóvenes y adultos mayores tienen menor conectividad: de acuerdo con el reporte 42% de los menores de 25 años y 54% de los mayores de 66 no tienen conexión a Internet.

Diferencias de conectividad entre Europa, Estados Unidos y Latinoamérica

Una diferencia muy importante es que en Europa y EE.UU casi el 40% de los trabajadores puede trabajar en sus hogares; en tanto que en Latinoamérica solo podría trabajar un 21.3% según estima la Cepal.

Según el informe la baja asequibilidad consolida la exclusión de los hogares de menores ingresos. Por ejemplo el costo del servicio de banda ancha móvil y fija para la población de mayor ingresos alcanza un 14% y 12% de su entrada económica. Lo que dista mucho del 2% de gasto del ingreso que recomienda la Comisión de Banda Ancha de Naciones Unidas.

Los latinoamericanos necesitan estar más conectados

Siguiendo con la exposición de motivos de la Cepal para proponer la cesta básica tecnológica, detallan que durante la cuarentena los datos de movilidad mostraron un aumento del tráfico en sitios web, uso de aplicaciones de teletrabajo, educación online y compras online. Del primero al segundo trimestre de este año, el uso de soluciones de teletrabajo aumentó 324% y la educación a distancia más del 60%.

Pero en el último punto, hacen hincapié en que el uso de estas soluciones solo es posible para quienes tienen internet y dispositivos para conectarse; pero en la región 46% de los niños de 5 a 12 años vive en hogares sin conexión.

Al mismo tiempo que la posibilidad de tener equipos como laptops o computadores en los hogares más pobres es baja también; solo entre un 10 a 20% de los estudiantes pertenecientes a los quintiles de menores ingresos cuentan con estos dispositivos.

Imagen: Freepik

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