Cuando usas ChatGPT, le pides algo a un asistente de voz o ves una recomendación personalizada en tu plataforma favorita, probablemente no piensas en lo que hay detrás; y es lógico, nadie piensa en las tuberías mientras abre el grifo. Pero hay algo funcionando a toda máquina para que eso ocurra en las plataformas online: los centros de datos, y la inteligencia artificial los está llevando al límite.
Entrenar un modelo de inteligencia artificial, (sí, de esos que generan texto, imágenes o toman decisiones automáticas) consume una cantidad brutal de energía computacional. No estamos hablando de un ordenador potente en una oficina, estamos hablando de miles de servidores conectados entre sí y funcionando las 24 horas del día, los 7 días de la semana, dentro de instalaciones enormes que nunca apagan la luz. Eso es un centro de datos; y cuanto más avanza la IA, se necesitan infraestructuras más grandes y especializadas.
Al respecto Amet Novillo, presidente de la Asociación Mexicana de Data Centers (MEXDC) mencionó en su comunicado Centros de Datos, el corazón de la revolución digital impulsada por la inteligencia artificial que “el avance de la Inteligencia Artificial está elevando la demanda energética de los Centros de Datos a nivel global; sin embargo, lejos de ser un obstáculo, esta dinámica abre una oportunidad para modernizar la infraestructura eléctrica, acelerar la adopción de energías limpias y fortalecer la competitividad digital de México”.
Entonces, respondiendo directamente a la pregunta: la IA necesita centros de datos para existir, los centros de datos necesitan energía para funcionar, y cuantos más servidores existan la demanda de energía también aumenta. Es un ciclo que se retroalimenta y que está obligando a repensar cómo se construye y alimenta toda esta infraestructura.
De acuerdo a los datos del sector, los centros de datos instalados en el país consumen actualmente 235 MW de potencia eléctrica para operar , hay otros 74 MW (en servidores) en construcción y más de 1,500 MW proyectados para 2030. Para dimensionarlo: un megavatio equivale aproximadamente al consumo eléctrico de entre 700 y 1,000 hogares. Estamos hablando de cifras que ya empiezan a mover la aguja en la planificación energética del país; como lo indica Novillo, esto significa que hay garantías en el crecimiento de la infraestructura eléctrica en México.
¿Y por qué México? Básicamente porque su ubicación geográfica, su cercanía con Estados Unidos y el fenómeno del nearshoring (son esas empresas que trasladan operaciones más cerca de sus mercados principales) lo convierten en un destino atractivo para este tipo de inversiones tecnológicas.
Es una realidad que estos servidores consumen muchísima energía; pero la narrativa de que la inteligencia artificial va a “comerse” la red eléctrica está siendo matizada por la propia evolución tecnológica del sector. Los centros de datos modernos están migrando hacia arquitecturas más eficientes como chips optimizados, sistemas de refrigeración que no usan agua y gestión inteligente del hardware.
Además, hay una tendencia clara hacia los contratos de energía renovable como los llamados PPA, que refieren acuerdos de compraventa de energía limpia que permiten a los operadores garantizar suministro estable de energía sin depender exclusivamente de la red convencional.
Si antes la sostenibilidad era un plus, ahora es casi un requisito de entrada, ya que los grandes inversores tecnológicos globales miran con lupa el perfil energético de los países donde instalan infraestructura; si no pueden demostrar compromisos comprobables con energías limpias, tienen cada vez más difícil atraer capital internacional.
Esto convierte la transición energética en algo que ya no es solo un debate medioambiental, es directamente un asunto de competitividad económica.
La inteligencia artificial es la parte visible y emocionante, pero los centros de datos son los cimientos. Y como cualquier edificio, si los cimientos fallan, todo lo demás cae. El reto actual no es frenar el crecimiento, sino gestionarlo bien con energía limpia, infraestructura planificada y visión a largo plazo. Los países que entiendan esto lo antes posible, tendrán ventaja; y los que no, simplemente quedarán fuera del juego.
Imagen: Nano Banana
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