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Dicen los que saben que la pandemia de COVID-19 va a cambiarnos la vida. Que habrá un antes y un después, y que el teletrabajo forma parte de ese después. Un servidor lleva 10 años teletrabajando, así que creo que lo mismo me convalidan un máster.

Día 38 de confinamiento. Hoy estoy sensible. Creo que sería capaz de llorar viendo un episodio de Los Teletubbies. Mi vida entre estas 4 paredes alterna momentos de euforia con otros en el que mi estado del ánimo está, más o menos, a la altura del precio del petróleo.

Y la culpa es de Rozalén. Va y tiene la idea de escribir una canción maravillosa sobre el confinamiento. Y la publica. Una canción con la que cualquiera se puede sentir identificado y que si no te remueve algo por dentro es que estás hecho de cerámica de Talavera, que no es cosa menor. La canción en cuestión, que dejo aquí para el solaz de vuestras almas, se llama «Aves enjauladas».

El motivo de este post no es dar consejos sobre cómo teletrabajar, pues para eso ya tenéis en Marketing4Ecommerce un estupendo artículo de Susana Galeano que te cuenta las claves para ser más productivo en el teletrabajo, incluyendo que NO debes ponerte ciego/ciega de bollería o sándwiches rebosantes de grasaza mientras trabajas por mucho que te lo pida el cuerpo, o tus posaderas acabarán rebosando de la silla y los gritos de terror de tus arterias se oirán hasta en el edificio de enfrente. Doy fe de que es así. Lo de las posaderas.

La idea de este post es contar por qué el teletrabajo va a formar parte de la «nueva normalidad» y puede llegar a establecerse como algo permanente. Vamos a ello.

¿Seguiremos con el teletrabajo cuando la epidemia se acabe?

La cosa tiene sus pros y sus contras. Lo que ya ha adelantado el Gobierno, en sintonía con el resto de países de nuestro entorno, es que la recomendación de teletrabajar siempre que sea posible se extenderá mucho más allá del periodo de confinamiento, probablemente hasta que haya una vacuna o un tratamiento eficaz para la COVID-19 (o ambas cosas), lo que pinta un horizonte temporal de bastantes meses. Tiempo de sobra para acostumbrarnos, tanto los curritos como las empresas.

Cómo hacer teletrabajo: 10 consejos para ser productivo desde casa

Además, hay 4 argumentos de peso que refuerzan la idea de que el teletrabajo ha venido para quedarse:

Una parte significativa de los empleados trabajen desde casa ahorra mucho dinero a las empresas.

¿Y eso por qué? Pues porque deja de ser necesario tener edificios enormes con miles de metros cuadrados de oficinas, que cuestan un pastón, para alojar a miles de trabajadores que pueden hacer exactamente lo mismo desde sus casas. Esto no significa que los empleados no pisen las oficinas, pero pueden hacerlo para reuniones presenciales, presentar informes, reunirse con clientes, etc. Lo importante es que no es necesario que estén todo el tiempo en la oficina.

El cambio climático no ha desaparecido como la principal amenaza para nuestro futuro.

Los países, cuando este respiro que le estamos dando al planeta acabe, seguirán teniendo que reducir drásticamente sus emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero.

Y eso implica dos cosas: el cambio de modelo de transporte de personas hacia modelos 100% eléctricos (algo factible en grandes ciudades que tienen metro, pero mucho más complejo en ciudades más pequeñas y núcleos dispersos, donde el coche o el autobús mandan) que tiene un coste considerable en adaptación de infraestructuras y adquisición de vehículos y, en segundo lugar, una reducción drástica de la movilidad.

No nos engañemos: los coches eléctricos no se van a generalizar mañana. De hecho, su generalización puede llevar más tiempo del previsto. Si precisamos (y realmente es así) actuar de forma rápida sobre las emisiones de gases de efecto invernadero, la cuarentena mundial nos está mostrando que la recuperación de la calidad del aire y del agua es tremendamente rápida si se disminuye el volumen de tráfico. 

Estamos viendo imágenes insólitas. Peces y delfines en los canales de Venecia, cuyas aguas se han vuelto transparentes. Animales salvajes circulando por las calles desiertas. Ciudades con cielos claros y limpios. Es muy sencillo de comprobar empíricamente: si vives en una ciudad grande, a pesar de la contaminación lumínica, mira hacia el cielo por la noche. Verás muchas más estrellas que antes. Si el teletrabajo es una opción para reducir la movilidad y, por tanto, la contaminación, es muy posible que se acabe imponiendo como una herramienta fundamental para la lucha contra el cambio climático.

El teletrabajo reduce el estrés y permite ganar en calidad de vida

No tienes que soportar al compañero/a de trabajo que se cree muy listo/es un trepa/siempre está quejándose. Sustituye compañero por jefe o jefa. Bueno, tienes que soportarlos por videoconferencia o por email, lo cual te permite cagarte en sus m desahogarte tranquilamente en casa.

Pero no se trata solamente del estrés en la oficina. También se trata de que el teletrabajo permite a los trabajadores ganar una o dos horas diarias de vida, que es el tiempo que se pierde en desplazarse hasta el trabajo y de vuelta a casa, según donde vivas. Sin necesidad de soportar atascos o apretujones y retrasos en el transporte público.

Las redes están aguantando el tirón

El tráfico en las redes ha subido de forma casi exponencial durante el confinamiento, no sólo por el trabajo sino (sobre todo) por la mayor demanda de televisión y cine en streaming. Es cierto que las grandes plataformas como Netflix o Youtube han colaborado reduciendo la calidad de sus emisiones para ocupar menos ancho de banda, pero se supone que la tecnología 5G viene a solucionar ese problema. El caso es que el temido colapso de internet no se ha producido. 

Vale, genial, pero ¿y la productividad, qué?

Las empresas están contagiadas de otro virus, que viene del siglo XX, cuando no del XIX: el presencialismo.

Tenemos grabado a fuego la obsesión por el «control» del trabajador, algo que pensamos que sólo puede realizarse si el jefe/jefa está presente y saca el látigo de vez en cuando. A eso hay que sumarle la reunionitis, otra enfermedad muy extendida que consiste en realizar reuniones maratonianas que te dejan las neuronas a punto de nieve porque «así es se saca un proyecto adelante».

Al día siguiente no puedes ser productivo ni con una grúa.

Y a los dos días revisas el proyecto y te das cuenta de la cantidad de cosas que hay que cambiar, con lo que acabas convocando otra reunión.

Son numerosos los estudios, realizados en el ámbito académico y también por grandes empresas, que desmienten que el trabajo presencial sea más productivo que el teletrabajo. Los datos dicen justamente lo contrario: las empresas que han implantado el teletrabajo cuentan con trabajadores más productivos y más satisfechos. Y eso no es de ahora. Aquí hay  un artículo de hace 8 años (nada menos!) que habla de un estudio de la Universidad de Stanford sobre este tema.

Todo este tiempo de confinamiento y restricciones va a abrir los ojos de muchos directivos de empresas, grandes y pequeñas. Es un gigantesco test sobre el teletrabajo a escala mundial. 

Habrá que ver los resultados y los estudios que, sin duda, se harán sobre esto, pero las evidencias están ahí. Contamos con tecnología suficiente para que se pueda controlar que los trabajadores no pierdan el tiempo cuando están trabajando en casa. Además, ni siquiera la necesitamos, porque el control de la productividad es de lo más low-tech que se pueda uno imaginar: tienes X horas para hacer X trabajo.

Por supuesto, que habrá que seguir yendo a la oficina, como ya dije al principio. Habrá personas que lo prefieran porque su casa no reúne las condiciones mínimas para teletrabajar. Pero las empresas harán bien en estudiar detenidamente los datos y hacer del teletrabajo una opción prioritaria. Es cuestión de números, ni más ni menos.

Imagen: Depositphotos

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